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martes, 16 de febrero de 2010

La belleza ideal a la Boticelli por Geraldine Gutiérrez

EL NACIONAL - Sábado 30 de Enero de 2010Papel Literario/2

Papel Literario

La belleza ideal a la Botticelli 




GERALDINE GUTIÉRREZ




 Su ingenioso pincellas crea con gracia y elegancia.

Ellas adoran y seducen.

Son mujeres, mujeres cautivadoras, de aire melancólico, en las que Sandro Botticelli, el gran maestro del Bajo Renacimiento italiano, plasmó la belleza ideal: hasta el 28 de febrero estarán expuestas en "Botticelli: retrato, mito, devoción", en el Museo Städel de Frankfurt, Alemania.




Se trata de una muestra ret rospect iva que reúne, con el apoyo de las colecciones de arte más importantes de Europa y Estados Unidos, las obras principales de todas las fases creativas de Botticelli y las confronta temáticamente, en un contexto histórico, con obras afines de sus contemporáneos, Andrea Verocchio, Antonio Pollaiuolo y Fra Filippo Lippi, entre otros. Retratos y alegorías mitológicas abren la visita museística, seguidos por las famosas representaciones de diosas de la Antigüedad. El tema religioso despide exposición, con una nota solemne.

Las salas de presentación del museo, pintadas de rojo carmín, enfatizan en femenino el ideal de belleza botticelliano, cuya celebridad se debe a la expresión única de sus féminas, que escenifican la belleza clásica con un toque de melancolía. Ni siquiera el transfondo religioso o mitológico, en los cuales ellas aparecen, es capaz de arrebatarles su individualidad. La belleza singular de sus ninfas y la elegante gracia de sus madonnas caracterizan la esencia del arte de la Florencia de los Médicis, en el siglo XV, bajo el dominio de Lorenzo el Magnífico.


El Retrato de una joven (ca. 1480), propiedad y orgullo del Museo Städel, marca, simbólicamente, el inicio de la muestra. Los rasgos delicados de este perfil --tez de porcelana, frente alta, nariz perfilada, cabellera rubia de ondas graciosas, cejas finas y labios sensuales-- se corresponden con el ideal del arte antiguo-grecorromano, el cual experimenta un renacer en el Quattrocento.

Botticelli añade a este ideal no sólo el elemento saturnino, sino también su fantasía ornamental, revelando, de esta forma, sus conocimientos de orfebrería pero también la identidad de la joven. Su elaborado peinado, un reticulado de perlas y de cintas rojo carmín, hace alusión al apellido Vespucci de la conocida familia florentina (vespaio significa, en italiano, avispero). Éste y otros detalles hacen pensar que la joven, vestida de ninfa, podría ser Simonetta Vespucci, la esposa de Marco Vespucci. La bella Simonetta, como era llamada por los florentinos, inspiró con su belleza no sólo a Giuliano de Médici, quién la eligió "Reina de la Belleza" de su torneo en 1475, sino también a poetas y a pintores.

Entre los últimos se destaca Botticelli.

La belleza ideal a la Botticelli adquiere, también a través de la mitología, presencia real. Minerva y el Centauro (1483), la obra maestra de la Galería de los Uffizi, es un ejemplo clave en la retrospectiva. Minerva, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de guerra, aquí armada y vestida de ninfa, aparece templando por los cabellos al Centauro. La apariencia descuidada e insegura del Centauro contrasta con la belleza y la supremacía de Minerva. Botticelli representa, así, la idea neoplatónica del dominio de la lujuria masculina por la castidad y la virtud femenina. El atributo de la virtud está relacionado, igualmente, con los Médicis, pues los anillos entrelazados con diamantes engastados, que adornan el vestido de Minerva, era un emblema de ellos.

El punto máximo del ideal botticelliano lo conforman su representaciones de la Virgen: bendita entre todas las mujeres, en el Cristianismo, la mujer ideal y la más bella, según Salomón en El cantar de los cantares.

La Madonna Guidi del Museo de Louvre, por nombrar tan sólo una de las más conocidas, nos permite visualizar la presencia real de María y, al mismo tiempo, sentir su eterna bendición. La recién restaurada Madonna Wemyss, proveniente de Edimburgo, muestra una de las madonnas más bellas de Botticelli.

Su actitud concentrada, arrodillada frente al Niño, inspira Devoción en mayúscula.

En todas estas féminas, ninfas o madonnas nos topamos con "la bella Simonetta", cuyos rasgos conjugan la belleza ideal con la real, de un modo versátil e imponente. Esta mezcla de inocencia y seducción que caracteriza la belleza ideal a la Botticelli convierte la retrospectiva del Museo Städel en un placer inagotable.

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