Mención especial en Poesía XIX Bienal José Antonio Ramos Sucre Cumaná 2013

sábado, 24 de septiembre de 2011

Reseña sobre Blanco nocturno, de Ricardo Piglia

EL NACIONAL - Sábado 24 de Septiembre de 2011Papel Literario/4
Papel Literario

Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos
Piglia: no existe una única verdad
ANA MARÍA VELÁZQUEZ U n día de junio recibí la convocatoria para presentar, en compañía del autor, Blanco nocturno, ganadora del XVII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Me negué.
Recordé los días de la Escuela de Letras y aquella materia llamada "Vanguardias latinoamericanas" donde el profesor exigió un análisis crítico impecable sobre Respiración artificial, el primer gran éxito de Piglia, para aprobar la materia. Tuve que trabajar mucho aquel texto, original y complejo. Yo conocía al autor y presentía que el análisis de esta nueva obra iba a tener una cantidad importante de trabajo y, por tanto, contesté a la propuesta con un rotundo no.
Claro, me interesaba qué iba a decir de la novela el jurado del premio, y asistí a la exposición que hizo por esos días. Luego de escucharlo y, ante la insistencia para que presentara un ensayo, volví a decir, no. Esta vez hubo una negativa de vuelta: no aceptamos su renuncia, reconsidere.
Abordé el texto. Busqué en sus tantas claves un sentido a una especie de novela "doble" y mi lectura me condujo a un centro importante: la mirada del otro. Encontré que había un juego de miradas sobre la realidad. La estructura de novela policial era una excusa para indagar en el tema, muy literario, de la tensión constante entre ficción y realidad y sobre otro tema, que Roland Barthes afirmaba era la base de toda novela, la familia.
Ya junto al autor, en la presentación, el 2 de agosto, noté que éste asintió tres veces a mi ponencia. Esos leves movimientos de cabeza equivalían a haber obtenido la más alta puntuación.
Aprobaba, de nuevo, la materia. Luego, como buen conversador que es, y como buen docente (dicta Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Princeton), Piglia explicó que en verdad se basó en un cuento familiar de un primo, algo excéntrico, que hacía artefactos mecánicos y que usó la historia policial porque es el género ideal para reflexionar sobre el lugar de la verdad.
La mirada del otro En Blanco nocturno la verdad está condicionada por la mirada del otro y es la experiencia previa del ser humano la que va a condicionar esa mirada. No existe una única verdad. Ésta se multiplica y se dispersa al infinito hasta tomar la consistencia de los sueños.
En la página 142, en la mitad del libro, aparece un dibujo de un pato que también puede ser un conejo. El detective Croce, encargado de la investigación policial, explica a Renzi, el alter ego del autor, que vuelve a aparecer: "Le enseñaré a distinguir. ¿Ve? Éste es un pato, pero si lo mira así, es un conejo (...) Todo es según lo que sabemos antes de ver (...) Vemos las cosas según como las interpretamos" (p.142-143).
Las cosas no son lo que son sino lo que parecen. La mirada del otro es constituyente y constitutiva del Ser. Es determinante, es política, es social, es jerárquica. Lo novedoso es que los protagonistas de la novela lo saben y reflexionan sobre esto.
Aparecen muchas referencias a la mirada y al ojo, como su metáfora. El mismo nombre de la familia, Belladona, según Wikipedia, es una planta que puede producir la dilatación de las pupilas, ayudando a la visión lejana, pero borrando los objetos cercanos. Al mirar más allá de lo aparente se produce la develación, pero la mirada tiene que ampliarse, tiene que mirarse lo que los otros no han visto y, para eso, hay que fijarla en un punto y ahí "quedarse quieto". Entonces se producirá la anagnórisis, es decir, la revelación del secreto y ocurre la transformación.
La dualidad La narración transcurre en el medio rural argentino. Un pueblo de provincias, la estancia, una fábrica abandonada y la pampa conforman el espacio psíquico de la trama. El autor presenta la vida sencilla del pueblo y del gaucho, apegado a la tierra, y expone una antigua estructura social colonialista sustentada en apropiaciones, corruptelas, vicios, crímenes, decadencias físicas y emocionales, y la opresión patriarcal.
En el pueblo ocurre un crimen y el encargado de la investigación y de dar con el criminal es el comisario Croce, un detective intuitivo, "un poco tocado"(p.27), que no usa el método de deducción lógica porque es clarividente, "Croce veía las cosas a una velocidad inusual, como si estuviera medio segundo (media milésima de segundo) adelantado a los demás" (p.63).
Ésta es la primera historia. La segunda, es la saga de los Belladona. ¿Y por qué la familia? Porque en ella reside la memoria, la historia íntima, el recuerdo histórico, los mitos y las tragedias personales y colectivas. Surge la leyenda de Luca Belladona, el excéntrico constructor de maquinarias extrañas. Intenta liberarse del yugo paterno fundando una fábrica de modelos de automóviles en medio de la pampa, pero es vencido por una devaluación de la moneda y quiebra. Es el héroe fracasado kafkiano para quien la otredad se define por la dependencia y, también, por la ausencia. Trata de resistir los embates de la vida, solo, refugiado en sus experimentos, en sus ilusiones y en su mundo onírico. Al antagonismo antepone la ilusión, al malestar existencial antepone el sueño.
Hay una historia visible y otra invisible. Una planteada y otra sugerida. En una reside el enigma y se produce la tensión que mantiene el suspenso, en otra se descubre la verdad. En el medio, el relato de Sofía Belladona une ambas.
Hay una combinación de técnicas narrativas y un personaje bisagra, Emilio Renzi. Él es interlocutor de la primera y de la segunda historia y de ahí que él sea el elemento conector. Hay un epílogo y 42 pies de páginas, que son aclaraciones, citas, traducciones y micro relatos donde se recurre a la ironía, la parodia y el chiste. Son puertas que obligan al lector a bajar la mirada. Remiten a la doble lectura, metáfora del verdadero "mirar" que busca en los márgenes lo que falta por decir.
La dualidad está presente en toda la novela. "La gente del campo vivía dos realidades, con dos morales, en dos mundos." (p.73). Según el crítico Jorge Fornet, el autor "trabaja esa idea sin la cual es imposible conocer su obra. Allí dice que un relato debe contar siempre dos historias: una superficial y otra profunda. (El escritor y la tradición, en torno a la poética de Ricardo Piglia). Hay dos relatos, dos hermanas gemelas, Ada y Sofía Belladona, hijas del dueño de la hacienda, imagen especular por excelencia, dos hermanos, Lucio y Luca; dos tiempos narrativos, el presente y el pasado; dos espacios, la ciudad, el campo; dos aspectos, barbarie y civilización; ficción y realidad; dos verdades ontológicas, la vida y la muerte. Este narrar dicotómico propone una novela que revele una realidad más sustanciosa y compleja, que implique un alejamiento de la realidad inmediata y una visión más auténtica del mundo.
Madre-caja, madre-memoria El constructio narratio es a la manera de una matriushka rusa, esas cajas en forma de muñecas que tienen dentro otra idéntica, más pequeña, y, más adentro, otra, aún más pequeña, hasta llegar a la última que es como la semilla.
Representa la caja, lo que preserva la memoria, como hace la madre. Ella es el archivo de la historia familiar. Madrecaja, madre-recuerdo, madrecuento. La madre aparece como matriushka novelística y, también, como tierra primitiva, la pampa, la madre arquetípica, la que guarda la memoria entera de los pueblos, de sus luchas, de sus esfuerzos de supervivencia.
Felice Bauer En la novela hay referencias importantes a Borges, a Hemingway, a Melville, a Homero, a Kafka, por citar algunos, y se entronca en la gauchesca literaria. El nombre de su detective, Croce, (Cruz, en español) es una referencia al Martín Fierro, poema emblemático de la tradición argentina.
Kafka aparece en varias imágenes, en la sombría fábrica que recuerda la novela El Castillo, en el proceso que se le sigue a Luca Belladona, de la novela El Proceso, y en una mujer que lee novelas permanentemente en su habitación, Matilde Ibarguren. "Mi madre dice que leer es pensar --dijo Sofía--. No es que leemos y luego pensamos sino que pensamos algo y lo leemos en un libro que parece haber sido escrito por nosotros..." (p.251). Es una referencia a Felice Bauer la lectora de Kafka, una lectora pura que vive en el mundo literario y encuentra en la lectura una iniciación y un conocimiento, imagen especular del propio lector que se sumerge en la novela y enfrenta otras realidades. Ella decodifica el lenguaje cifrado en las novelas, se opone a un poder institucional a favor de lo ficcional. Muestra la estrecha relación entre lectura y vida, porque la literatura funciona como un modelo general de construcción del sentido. Añade el autor, "la lectura es un espejo de la experiencia, la define, le da forma" (El último lector, p.103).
El mundo onírico Luca Belladona analiza el lenguaje de los sueños. Busca en ellos patrones coherentes para acceder a su complejo, liberarse del yugo emocional y financiero del padre, y acceder a otro nivel de comprensión.
La ficción onírica es su laboratorio de elaboración de hipótesis, de ideas, de filosofías y, también, de máquinas complejas. Sin embargo, hay que estar atentos a la propuesta del autor: no se trata de encontrar la ficción dentro de la realidad sino de comprender que en la ficción es donde está la verdad.
Esto es la utopía. Y Luca es un gran utópico que sueña cuando duerme y sueña cuando está despierto. Se enreda, se condena al fracaso: "avanzamos a ciegas. Cuanto más cerca estás del centro más te enredas en la telaraña que no tiene fin" (p.283).
Jordi Carrión, explica que "el sueño es uno de los vectores que atraviesa la narrativa de Ricardo Piglia. Este motivo viene enraizado en la otredad, el doble y la réplica. Narrar es como contar la historia de otro, por ello el argentino borra la distinción entre ficción y realidad: sus personajes no se sienten cómodos en el plano real y pasan al sueño. Pareciera que lo importante no es pensar, sino soñar (El lugar de Piglia. Crítica sin ficción).
El final Blanco nocturno es una literatura vanguardista que desmonta las estructuras tradicionales en la que se mueve el lenguaje novelesco y delimita la acción del ser humano a los límites, a los extremos, desde donde es imposible vencer al mundo y a los enemigos. Esta visión la coloca en el centro de la crítica política, social y económica. Es una novela magistral, "una novela iniciática" para los nuevos lectores piglianos. Puedo asegurar que después de andar entre sus páginas ya nadie será el mismo. Recomiendo la relectura para encontrar las claves que el autor va dejando escondidas.

3 comentarios:

DINOBAT dijo...

Interesante el blog!

menina dijo...

Gracias!

ricardo dijo...

muy lúcido tu texto, ana maría, muchas gracias.
buscaré esta novela, aunque de alguna manera ya la he leído al leerte a vos
:)

mi padre publicó uno de sus libros de cuentos en caracas, cuando vos seguramente no habías nacido ...
me han gustado tus cuentos también.

saludos cordiales

ricardo moyano