Mención especial en Poesía XIX Bienal José Antonio Ramos Sucre Cumaná 2013

lunes, 9 de diciembre de 2013

Días de transición

Caracas amanece lista para proseguir el caótico ritmo de los días de fiesta y compras, después del paréntesis por las reñidas elecciones municipales. 
Unos ciclos se cierras, otros se abren. La fragmentación se impone. Queremos abarcarlo todo y es imposible sin que ocurra la fractura interior. A ciegas buscamos un lugar en un mundo que aún no ha encontrado el suyo.
Sueño con el día, la hora, la media hora que necesito, para re-leer Un recuerdo navideño (A Christmas Memory), de Truman Capote, un cuento que es icónico en otros países, pero que aquí casi nadie conoce. Un niño abandonado, creciendo casi solo en una casa con muchos familiares que apenas voltean a mirarlo, sabe que ha llegado la Navidad cuando una parienta loca, Miss Sook, tan abandonada por la gran familia como él, le dice que llegó la época de hacer las tortas para regalar. Todo el cuento se basa en la búsqueda de los ingredientes, desde las nueces, hasta el licor, en la época de la prohibición. Son dos proscritos, pobrísimos, pero tienen un anhelo altruísta: regalar las tortas.
Han ahorrado todo el año las monedas sueltas que los demás les dan por compasión. Así que se las ingenian y consiguen los mejores productos. Al fin hacen las tortas, el ambiente de la casa se carga de suaves olores a canela, clavo y jengibre, y ellos sienten un gusto infinito con su labor. Estos dos increíbles personajes hacen de la navidad otra cosa. Ni regalos ni pinos decorados ni ambiente familiar. Sólo ese momento especial de comunión con la labor que consideran más importante en sus vidas, un momento sagrado que se presenta como una epifanía.
Para mí este cuento encierra una bella enseñanza de la condición humana, de la necesidad humana de trascender lo inmediato y acceder a una realidad superior. Si permaneciéramos siempre tierra a tierra, colapsaríamos en el vacío, en una gran angustia, símbolos de la modernidad que vivimos (¿postmodernidad?). Nunca estaríamos satisfechos, ni con nuestros logros, ni con nuestras decoraciones navideñas. No estoy en contra de las celebraciones, al contrario, pero no quiero pensar que el sentido de estas fechas sea gastar hasta lo que no tenemos y tomar y comer como si el mundo se fuera a acabar mañana. Recientemente, una amiga me invitó, junto con otras, a una merienda en su bella casa. Su regalo, además de una sabrosa cena, fue escuchar aguinaldos del siglo XIX, con un grupo de música de cuerdas. En verdad, fue una experiencia única. Eso es ocuparse del alma, digo yo.
Aquí dejo el cuento de Capote, la foto de Miss Sook con el autor siendo niño, (ella es un personaje real que vivió en la misma casa de Monroeville, Alabama, donde lo abandonó su madre después del divorcio de su padre). Otra foto de él, comenzando su carrera. 
Controversial y polémico como era, para mí es uno de los escritores más importantes, uno que hay que leer y comprender. Un gran maestro.

http://www.roland557.com/ficcion/navidad.htm


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