Mención especial en Poesía XIX Bienal José Antonio Ramos Sucre Cumaná 2013

sábado, 29 de marzo de 2014

Julia de Burgos, Julia de América, Nuestra Julia.

La gran poeta portorriqueña Mairym Cruz Bernal, admirada amiga que a veces nos visita en
Venezuela, escribe en El Post Antillano un sentido homenaje a la poeta Julia de Burgos, nacida en Puerto Rico en 1914, y quien se suicida a los 39 años, sumergida en problemas de alcohol, en 1953, en Nueva York.
Es una poeta que encarna la sensibilidad única de todas las poetas latinoamericanas.
De esa prosa fácil de Mairym me gusta su intimismo y su idea de búsqueda de la  casa de la poeta como metáfora de su búsqueda del propio hogar: el de la creación, el de la poesía.
A continuación un fragmento del corto texto. Se puede leer completo en el link. 

"Julia de Burgos fue encontrada inconsciente en la calle 105 y la Quinta Avenida y al ser trasladada al Hospital Harlem, falleció casi de seguido. El cadáver, desprovisto de toda identificación, fue conducido al depósito funerario de la ciudad, fracasando todas las tentativas de la policía por identificarla… Julia de Burgos fue enterrada en un tumba anónima en la Isla de Potters, donde se inhuman los cuerpos de los indigentes de la ciudad”. (Del informe oficial según lee el Periódico El Mundo, 4 de agosto de 1953.) Siempre he recordado más la muerte de mis poetas que sus nacimientos. Por eso, el pasado 17 de febrero, día del natalicio de Julia, recordé cómo murió: su suicidio. Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a Julia no es enterrar su tragedia como enterraríamos un ramo de bellas palabras frente a su tumba, sino tratar de penetrar sus misterios sin miedo a ninguna verdad."
http://www.elpostantillano.com/pagina-0/historia/9697-mairym-cruz.html

domingo, 9 de marzo de 2014

María Zambrano, filosofía y poesía

María Zambrano nació el 22 de abril de 1904 en la ciudad andaluza de Vélez-Málaga, donde sus padres ejercían como maestros de escuela.
En 1926 la familia se traslada a Madrid, lo que permite a la joven dar una cierta regularidad a sus estudios de filosofía iniciados como alumna libre pocos años antes. Madrid significa, sobre todo, el descubrimiento de Ortega y Gasset. Quien había de ser su maestro estaba entonces en uno de sus momentos de mayor esplendor creativo: con España invertebrada (1922) había disuelto el «problema de España» en la «crisis de la modernidad», y con El tema de nuestro tiempo (1923) indagaba ya una salida a la crisis a través de la formulación de la «razón vital». Este es el Ortega que deslumbra a María Zambrano, el Ortega brillante e innovador, el Ortega que pretende con el raciovitalismo salvar el abismo que separa la vida de la cultura, el Ortega que no termina su magisterio en la clase sino que es punto de referencia de los jóvenes artistas e intelectuales de entonces.
Se exilió al término de la Guerra Civil y ejerció su magisterio en universidades de Cuba, México y Puerto Rico. Tras residir en Francia y Suiza, regresó a España en 1984. Fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981), y el Cervantes (1988). 
Impartió cursos de filosofía en varias universidades, dictó conferencias y, sobre todo, se entregó a un paciente ejercicio de escritura radical, sin concesiones de ningún tipo, una escritura en cuerpo y alma consagrada a la expresión de su propia experiencia de pensamiento, una escritura que devuelve al lenguaje una preeminencia nueva en el orden del pensamiento. En 1939 publica Pensamiento y poesía en la vida española y Filosofía y poesía, dos libros decisivos para la configuración definitiva de la «razón poética».
Su pensamiento, vinculado a las corrientes vitalistas del siglo XX, giró en torno a la búsqueda de principios morales y formas de conducta que fueran aplicables a los problemas cotidianos. Su preocupación mística, la forma de abordar los conflictos éticos, y el estudio de la interrelación entre realidad y verdad, reclamaban la necesidad de un profundo diálogo entre el ser y su entorno.
Para ella era preciso establecer tres modos de razonamiento: el cotidiano, el mediador y el poético. Desde este último se aproximó a lo sagrado, el lugar donde se encuentra la explicación de lo trascendente, la lógica del misterio. 

En su amplísima producción destacan Filosofía y poesía (1939), La confesión, género literario y método (1943), El pensamiento vivo de Séneca (1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (1950), El hombre y lo divino (1955), España, sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965), La tumba de Antígona (1967), El nacimiento. Dos escritos autobiográficos (1981), De la Aurora (1986), Senderos (1986), Delirio y destino (1988) y Los sueños y el tiempo (1992), entre otros.