Mención especial en Poesía XIX Bienal José Antonio Ramos Sucre Cumaná 2013

viernes, 22 de abril de 2016

Por culpa de Sófocles

#‎PorCulpaDeSófocles‬ Tuve un estudiante que llegó diciendo que él no tenía por qué leer a Sófocles porque cuando se graduara él iba a dirigir la empresa de su padre. Le pregunté con mi cara de yonofuí que más o menos cuántos empleados iba a dirigir. Me dio una cifra alta, XXX. Entonces le dije, Bueh, no sólo necesita leer a Sófocles, sino también a Aristóteles y a Platón, ah, y cuando termine, bachiller, busque el diálogo de la nodriza y Fedra y explique ante sus compañeros por qué Eurípides colocó a Afrodita en el centro de la Tragedia. Agregué que pronto le enviaría la Bibliografía de apoyo por mail, "¿Bibliografía?!!!". Claro, es que usted no puede leer a los griegos sin bibliografía.
Me lanzó una mirada furiosa, de esas que lanza la gente inteligente. Le sostuve la mirada y cuando respondió "¡What!", le dije, sí, usted es el que más va a estudiar porque usted más que nadie en este salón necesita conocer lo que es la condición humana porque en sus manos van a estar XXX personas.
Aceptó el reto.

Con el paso de los días yo le agregaba lecturas, ahora lee El Mito de Sísifo y lees el ensayo que hizo Albert Camús, ah, de paso se lo expones a tus compañeros. Ahora lee "El exilio de Helena", del mismo Camús, pero antes lee los cantos iniciales de La Ilíada, de Homero, ah, y prepara todo para hacer otra exposición.
Llegó a odiarme, lo sé, pero pasó la materia con 19.
Lo volví a ver en librería El Buscón, hace poco, se iba del país. ¿Y la empresa de tu padre? Se la cerró la oficina de impuestos, Seniat. El chico va a buscar trabajo y comenzar de cero. Qué libros me llevo "psora".
Pues ese libro maravilloso que nadie sabe qué tiene, pero que todos los jovenes adoran "El guardián del centeno", de Salinger, llévate On the road, de Kerouac, llévate Allan Ginsberg, llévate a Truman Capote. esa joyita que se llama Música para camaleones, y París era una fiesta, de Hemingway. Llévate Albert Camús, y Mrs Dalloway, de Virginia Woolf, o lo compras allá, ese que tiene el prólogo de Cortázar. Busca El hombre es un gran faisán en el mundo, de Herta Muller. Busca Altazor y El paso del Retorno, de Huidobro. Hay un pensador checo que se llama Ivan Klima, búscalo allá, y un poeta catalán, Jaime Gil de Biedma, te lo bajas del internet. Llévate a López Pedraza y a Eugenio Montejo. A Octavio Paz. Así en vez de un exiliado caraqueño vas a parecer un exiliado de NYU.
Ah, y llévate tu libro de Sófocles.
Reímos. Me miró con unos ojos calmos, sin la antigua furia, me dijo que ya era abogado y que estaría a la orden en XXX país. Lo felicité por su título y por su decisión de irse. Lo dejé con sus libros, le dije que añadiera algo de poesía venezolana y quizás a Mendez Guedez. Sentí que quizás algún día se haría escritor. O quizá sólo llegaría a ser un lector apasionado. No sé. No sé si fue bueno o malo que la empresa de su padre quebrara. No sé si fui muy dura con él para nada porque al final no iba a heredar nada. No me gusta que tantos jóvenes se vayan del país. Pero esa tarde
me vine a casa con un sentimiento de haber hecho lo correcto con el joven de mirada furiosa que alguna vez odió a Sófocles y, de paso, a mí.